Filosofía
El sentimiento comunitario: una ética para la crisis.
Estamos pasando momentos en los que no es muy difícil no ser pesimista, pero aún en estos momentos de crisis hay que ver las oportunidades de crecimiento, como afirma la filósofa Victoria Camps, gran pensadora sobre la felicidad, quien cree que incluso en medio de esta catástrofe podemos encontrar un beneficio humano y social si nos ponemos del lado de aquellos que más lo necesitan.

La reacción ante la pandemia ha puesto de manifiesto lo comunitario que trabaja en la base de la cooperación y la responsabilidad colectiva. En estos días lo virtuoso cobra especial protagonismo, por necesidad y por compasión, debido a que nos sentimos cerca de los que sufren, de los enfermos o los que arriesgan su vida por los demás. Ya en la antigüedad Aristóteles afirmaba que la felicidad se encontraba en llevar una "vida virtuosa". Ahora intentamos dar lo mejor de nosotros mismos y estas acciones nos conducen a encontrar algo de felicidad.

Esto ha hecho que le hayamos vuelto a dar un voto de confianza al Estado, que hayamos puesto en valor la valía de nuestro sistema sanitario, y sobre todo, valorar esfuerzo la cooperación humana. Por otro lado, también nos hemos dado cuenta de la gran importancia y las consecuencias que pueden desatar una mala gestión que ha producido desastres globales y no solo locales, por lo que el problema también nos ha dado perspectiva y preocupación a gran escala.

"Las decisiones deben estimular la actividad no solo en un país, sino en el conjunto."
En este aspecto el tejido empresarial se ve tambaleando, nos encontramos con caídas en el empleo, una distorsión en la oferta y un desplome en la demanda y gestiones empresariales dudosamente éticas. Según Emilio Ontiveros, economista y presidente de AFI, las medidas económicas que se tomen en esta crisis deben tener un primer objetivo: evitar que mueran demasiadas empresas. Las decisiones deben estimular la actividad no solo en un país, sino en el conjunto. Así mismo, la angustia de los trabajadores se le suma la amenaza de la posible pérdida del trabajo y la exigencia de pagos. Nos encontramos en el momento en que los directivos de empresas y bancos deben aplicar los principios éticos que han construido desde sus marcas durante los años de bonanza.

Es el ejemplo de MAPFRE quien ha destinado 30 millones de euros a medidas de apoyo a pymes y autónomos en España; 24 millones de euros como anticipo de facturación para sus proveedores; y 5,7 millones de euros en el fondo sectorial para proteger a profesionales sanitarios frente a la COVID-19.

Según la filósofa Adela Cortina, en este momento, seguir con un puesto de trabajo es fundamental para la vida de las personas y eso una empresa ética lo tiene en cuenta. Y esto también debe ser aplicable la política: “la que no se preocupa del bien común es una mala política, además de inmoral”.

"Seguir con un puesto de trabajo es fundamental para la vida de las personas y eso una empresa ética lo tiene en cuenta."

En conclusión, la sociedad va a cambiar radicalmente, después de esta crisis, va a haber “un antes y un después” de ella, Cortina afirma que para poder salir adelante se va a necesitar toda “la capacidad moral” y todo el “capital ético” de cada uno. "Los seres humanos tienen ahora que plantearse el futuro y decidir qué quieren: si una sociedad unida en la que trabajen todos juntos para que la gente esté mejor, o una marcada por la separación y el ir “unos contra otros”.

Autor: Oscar Bodí
Imagen: Kirsten Sims